El tiempo no pasa en balde. Ojalá lo hiciera, el problema con el tiempo no es que pase, sino que se quede, que es lo que suele ocurrir. Podría filosofar mucho a este respecto, pero debido a mi burocrática condición de cuasifísico me voy a limitar a expresar los problemas que ha ocasionado esa permanencia del tiempo sobre mi persona.
Es cierto que el tema es largo y, para muchos, carente de interés, por lo que me restringiré a mi faceta académica, sin duda la más tediosa y aburrida de mi vida, intentando una doble pirueta de manera que, rebuscando en el baúl de la facultad, encuentre algo que de nuevo ponga en marcha mi neurona. Pero voy a intentar dejar de divagar y centrarme en los hechos.
EFECTOS PERNICIOSOS DE UNA VIDA
UNIVERSITARIA EXCESIVAMENTE LARGA (COMO ALUMNO)
1 Reducción Neuronal
Este efecto es uno de los más claros y rotundos a la hora de emitir este estudio. Y es, también, el principal motivo por el que recomendamos reducir la estancia en la facultad a un máximo de cinco años. A partir del sexto, la reducción neuronal es evidente. Esta reducción tiene dos aspectos: el numérico y el físico. La reducción numérica es inevitable desde los primeros meses de permanencia en la facultad (por eso recomendaríamos directamente el no ingreso en este centro de estudios).
La reducción física consiste en una patológica disminución del tamaño de las neuronas, con un obvio aumento de los vacíos mentales. La mejor forma de evitar este efecto es la no asistencia a clase, la nula lectura de los textos recomendados y el evitar, en la medida de lo posible, toda referencia al mundo de la Física. Comprendemos las dificultades que esto puede acarrear sobre alguien que quiera la carrera de Físicas, pero, amigos, es por vuestro bien. Pensadlo un poco, fijaos en los físicos que conocéis,
¿Realmente queréis ser así de mayores?
Si la respuesta es sí, la reducción ha comenzado ya, aunque no os desaniméis, ya que el proceso no es irreversible.
2 Hastío Generalizado
Este es un efecto del que tenemos la exclusiva. Sí, compañeros, la U.C.M. es la única que asegura este efecto entre sus ofertas de inscripción. Los síntomas son evidentes: sudores fríos ante la visión de cualquier libro con fórmulas impresas, cefaleas agudas al sentir la proximidad de una calculadora, vómitos al observar el mes de Febrero en cualquier calendario, hipertensión arterial al escuchar la palabra matrícula, vértigos y mareos ante cualquier tipo de revisión (ya sea ésta médica, del gas o histórica), asombro y pasmo ante los repartidores de publicidad del metro (¿por qué son todos ex-compañeros de la facultad?), pasotismo generalizado hacia cualquier faceta de la vida.
Sólo hay una forma de no sucumbir a esta sensación (según cuentan los rumores): encontrar la viga maestra que sustenta el edificio y darle una patada, otros rumores afirman que con el escarnio y humillación pública del cuerpo docente de la facultad se consigue un notable descenso en estos males. Insisto, son sólo rumores (por muy bien que suenen).
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¡Han dicho algo!