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Archivo para 2011

Newton os desea: ¡Feliz Newtondad!

Sábado, 24 de diciembre de 2011 5 comentarios

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Más sobre el particular carácter y vida de Newton. El Santa Claus (decapitado) está basado en aquel mítico dibujo que Alberto Parrilla publicó en |Quanto>.

¡Feliz Newtondad!
 

Arqueoastronomía: Newgrange

Lunes, 12 de diciembre de 2011 3 comentarios

La arqueoastronomía combina la astronomía con la arqueología y la historia para desentrañar los misterios y posibles intenciones "cósmicas" de las construcciones y legado de civilizaciones pasadas.

Son abundantes, y en algunos casos muy conocidas, las edificaciones prehistóricas cuya orientación guarda relación con la posición de los astros, como por ejemplo Stonehedge o algunas estructuras Mayas. El culto al sol y el conocimiento de los solsticios y equinoccios está presente en muchas culturas y civilizaciones ya extinguidas, siendo posteriormente sustituidos por fiestas puramente religiosas como el Janucá judio, la Navidad cristiana o la festividad de San Juan (noche de hogueras en muchos puntos de la costa española)

Otras, como las Pirámides de Egipto, siempre están rodeadas de especulaciones y teorías que emergen a su alrededor. No obstante, dado el número de astros no es nada difícil conjeturar o aventurar nuevas hipótesis que se ajusten a la disposición de un determinado complejo. La arqueoastromía se encarga de validarlas realizando las medidas necesarias sobre el terreno y ejecutando los cálculos pertinentes sobre la posición exacta de los astros en juego durante la época de ejecución de las obras.

Hoy nos ocuparemos de una de estas construcciones, menos conocida que otras y sin embargo muy interesante por varias cuestiones.

Newgrange fue descubierto accidentalmente en 1699 y descrito como "una cueva"; no fue hasta los años 60 cuando se excavó y restauró exhaustivamente.

Quizás lo primero que llama la atención sea su antigüedad. Las pruebas del Carbono 14 ubican su origen entre el 3300 y el 2900 a.C (periodo neolítico), del orden de 500 años anterior a la Gran Pirámide de Guiza y casi 1000 a Stonehedge.

Ubicada en la parte este de la actual Irlanda forma parte del complejo neolítico de Brú na Bóinne. La apariencia exterior es de una colina rodeada de un muro. Por el interior del montículo, hecho de piedra tallada con turba en el interior, discurre un pasadizo de unos 18 metros, hasta un tercio del diámetro, llevando hasta una cámara en forma de cruz. La mayoría de las piedras proceden de las inmediaciones, pero el granito y el cuarzo debieron ser transportados desde zonas más lejanas, lo cual dota de aún más intencionalidad al complejo.

El techo interior, en forma de primitiva cúpula se eleva hasta unos 6 metros. El encaje de las piedras se ha mantenido intacto durante los más de 5000 años de la construcción, evitando de forma totalmente eficiente el filtrado de agua y el efecto de la erosión.

El hallazgo en su interior de los restos de 5 individuos incinerados indica su más que probable uso como necrópolis.

El túmulo está orientado astronómicamente de forma que cada año, en la mañana del solsticio de invierno, la luz del sol entra por una abertura sobre la entrada, recorriendo los 18 metros del corredor para iluminar el suelo de la cámara durante 17 minutos. La exactitud de la orientación aporta credibilidad a la intencionalidad de este "alumbramiento", probablemente basado en la observación y medición de los habitantes de la zona durante el neolítico. La decoración de las piedras tiene a la espiral (supuesto símbolo solar) como elemento recurrente.

Podéis ver todos estos detalles con estupenda calidad en el video que acompaña a la entrada.

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YouTube link http://www.youtube.com/watch?v=KVXWZkwV0RQ

Sólo es posible acceder al interior de Newgrange mediante recorridos guiados, un servicio especialmente solicitado para el solsticio. Recuerdo de mi visita al túmulo la existencia de un sorteo de invitaciones para fecha tan señalada. Sin duda una visita muy recomendable si pasáis por Dublín.

(fotos e información de la wikipedia)

¡Feliz Solsticio de Invierno!

¿Cuántos planetas hay? (II)

Lunes, 5 de diciembre de 2011 1 comentario

Hablábamos hace unos días de lo que uno inmediatamente piensa por "planeta" cuando escucha tal palabra. Mercurio, Venus…etc. O al menos así era hasta hace unos pocos años, seguramente no más de diez. Esta percepción parece bastante lógica, porque a mediados del siglo XX se empezó a trabajar intensamente en la exploración del Sistema Solar, y en las últimas décadas son decenas las misiones espaciales que se han enviado a diferentes planetas, cometas y satélites. El resultado de estas exploraciones ha llegado en buena medida al público general que ha visto detalladas imágenes de Marte enviadas por las sondas Viking y Mars Pathfinder, ha visto a Aldrin y Armstrong caminar por primera vez sobre la luna, y también espectaculares fotos que las sondas Voyager enviaron de los planetas más externos de la vecindad solar. De hecho, en relación a las Voyager, me parece increíble que a pesar de los 35 años que llevan volando y de los más de 140 millones de km que las separan de la Tierra, aún hoy seguimos estableciendo comunicación con ellas… sin ir más lejos desde el complejo de comunicaciones espaciales de Madrid, en Robledo de Chavela.

Pero incluso aunque la exploración del Sistema Solar tenga aún mucho camino por recorrer, decía antes que en los últimos años la palabra "planeta" no está necesariamente ligada a nuestro entorno. La idea de mundos (y vida) alrededor de otras estrellas se remonta seguramente a los albores de la imaginación humana, pero los científicos no empezaron a pensar en poderlos encontrar de manera realista sino hasta la pasada década de los 80. Curiosamente los dos primeros planetas extrasolares detectados (y confirmados como tales) no se encontraron orbitando alrededor de una tranquila estrella de medio pelo (como lo es nuestro querido Sol), sino en un extraño lugar donde a nadie se le habría ocurrido encontrar tal cosa: el púlsar PSR B1257+12 que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 2000 años luz de nosotros pasó a la fama en 1992 por albergar dos planetas de un tamaño aproximadamente el doble del de nuestra Tierra. Los descubridores de tal hallazgo fueron el polaco Alexander Wolszczan y el canadiense Dale Frail.

Los púlsares (véase una recreación artística de uno a la derecha) son estrellas de neutrones de tamaños minúsculos que giran a velocidades vertiginosas (en concreto PSR B1257+12 posee un diámetro de unos 30 km y un período de rotación de 6 milisegundos, o lo que es lo mismo, gira unas 160 veces por segundo!) por lo que no estaba claro como en entornos tan dinámicamente activos era posible que se formaran planetas. Una curiosidad es que tanto el descubrimiento de este púlsar como las observaciones que desvelaron la presencia de estos exoplanetas se hicieron en el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico, antena que todos hemos visto en la película "Contact" basada en la novela homónima de Carl Sagan. Curiosamente este telescopio proporciona hoy en día los datos del proyecto SETI@home que busca detectar emisiones radio de civilizaciones extraterrestres.

El método para detectar estos planetas alrededor de púlsares es bastante sencillo de entender. Los púlsares tienen un período de rotación extremadamente regular, así que la emisión radio que recibimos con un radiotelescopio tiene un período bastante bien definido. Sirva como ejemplo el siguiente vídeo que muestra una representación auditiva de los pulsos electromagnéticos que se detectan en algunos púlsares famosos:

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YouTube link http://www.youtube.com/watch?v=gb0P6x_xDEU

Ahora imaginemos un pequeño planeta que gira en torno a uno de estos púlsares. Éste tira gravitatoriamente del planeta del mismo modo que el planeta ejerce atracción sobre el púlsar, o en otras palabras, ambos cuerpos girarán en torno al centro de masas común del sistema. En el caso del sistema PSR B1257+12 y el mayor de sus planetas (denominado B por ser el segundo en distancia) el centro de masas se encuentra a unos 700 km del púlsar (recordemos que su diámetro es de unos 30 km). Para calcular este dato sólo tenemos que saber que el planeta B tiene una masa estimada de 4.3 veces la masa de la tierra y está orbitando a unas 0.36 unidades astronómicas del púlsar).

Desde nuestro sistema de referencia en la Tierra, el púlsar tendrá una pequeñísima oscilación en torno a su centro de masas, que se sumará a la rotación intrínseca de la estrella de neutrones. Por tanto el pulso periódico que emite se verá modulado a su vez por esta otra oscilación casi imperceptible.

Los residuos que quedan después de restar el período del púlsar permiten determinar el semieje mayor de la órbita del objeto que produce la perturbación (el supuesto planeta), así como tener un límite superior para su masa.

Por supuesto que todo esto se complica cuando en vez de tener un único planeta tenemos un sistema planetario con varios componentes. Cada planetilla ejercería entonces un pequeño tirón sobre el púlsar y modularía ligeramente su pulso intrínseco. Así que se vuelve aún más complicada la demodulación. Sería el caso de PSR B1257+12 en el cual se habrían detectado 4 planetas de diferentes tamaños y distancias orbitales.

La ventaja de este método es que es bastante preciso ya que las señales de los púlsares se pueden digitalizar con bastante resolución temporal al ser captadas por los radiotelescopios. Además al ser los púlsares relojes naturales tan precisos es fácil detectar pequeñísimas anomalías en su período debidas a planetas relativamente pequeños, incluso más pequeños que la Tierra. Ningún otro método permite descubrir planetas tan pequeños.

La desventaja es que no existen muchos púlsares conocidos lo cual limita mucho los potenciales planetas a descubrir. De hecho, a día de hoy, menos de una decena de planetas extrasolares se han descubierto usando esta técnica. Además, otro punto que le quita algo de interés al asunto es que todos estos planetas no albergarían vida casi con toda probabilidad. Los púlsares son estrellas de neutrones que quedan como residuo tras la reciente explosión de una estrella masiva en forma de supernova. Por lo tanto cualquier planeta en la zona habría tenido que formarse en algún momento posterior a la explosión y estaría sometido a intensas radiaciones muy energéticas que impedirían la formación de vida.

Existen por supuesto otros métodos, pero los vamos a dejar para la próxima entrega. Además aún nos queda por contestar a la pregunta del título.

Las nuevas aventuras del Catedrático Bellotas: Conjetura

Domingo, 27 de noviembre de 2011 3 comentarios
(Pinchar para ver más grande)
 

[Comentario de la redacción, noviembre de 2011]: El Catedrático Bellotas inicia su clase del primer curso del grado en Física con algo tan TRIVIAL como demostrar la Conjetura Fuerte de Goldbach. Por cierto, gracias a las presiones decanales acerca de la innovación docente en los nuevos planes boloñenses, el bueno de Marcelo se ha hecho una cuenta en Twitter. Muy a su pesar, claro.

Un siglo de los Solvay

Martes, 22 de noviembre de 2011 5 comentarios

En estos días de noviembre se cumplen 100 años desde el Primer Congreso Solvay, dedicado a la teoría de la radiación y el quanto 

(Dibujo que fuera portada de |quanto> n=13)

Estos congresos, o conferencias, reúnen desde entonces en Bruselas, cada tres años (a veces más), a científicos (principalmente físicos) que tratan de los temas más calientes del momento. 

Patrocinados por el industrial Belga Ernest Solvay contaron desde su primera edición con un cartel de invitados de excepción, entre los que se encontraban entre otros Planck, Einstein, Sommerfeld, Lorentz, de Broglie, Rutherford o Marie Curie.

El más celebre de estos congresos fue el quinto, que en 1927 y bajo el título de Electrones y Fotones reunía a los más notables físicos del momento para discutir sobre la recién formulada teoría cuántica y su interpretación (¡casi nada!)

La discusión se centró entorno al principio de incertidumbre de Heisenberg, con Einstein y Bohr enfrentados. De entonces viene la celebre frase del alemán: "Dios no juega a los dados", contestada por Bohr con un: "Einstein, deje de decirle a Dios lo que debe hacer con sus dados".

El irrepetible grupo de asistentes (diecisiete de los veintinueve asistentes eran o llegaron a ser premios nobel en sus disciplinas) quedó inmortalizado en una de las imágenes más famosas de la historia de la ciencia.

(reproducida desde wikipedia)

De la misma cita se conservan las siguientes imágenes de video.

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YouTube link http://www.youtube.com/watch?v=UK1LA6jlcgM

Sirva esta entrada como homenaje a todos esos grandes científicos del siglo XX y a los que en el siglo XXI se siguen enfrentando a los "problemas difíciles" en una búsqueda que trasciende sus propias vidas…

 

 

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¿Cuántos planetas hay? (I)

Lunes, 14 de noviembre de 2011 4 comentarios

Ante esta pregunta, se activa automáticamente nuestro hipocampo y nos retrotraemos a nuestra más tierna infancia donde un buen día aprendimos esoImágen de Saturno capturada por el Voyager 2 de "Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón". Todo esto dicho con un monótono tonito solamente alterado por esa traca final del "tón", que tan acertadamente nos brindaba nuestro gélido y posteriormente desterrado planeta lejano. Los 9 planetas del Sistema Solar rezaba el títulito de marras de aquél libro de texto de la entonces E.G.B., donde aparecía, seguramente, la imagen de Saturno en falso color (veo a posteriori que se trataba de una composición de luz ultravioleta, violeta y verde) tomada en 1981 por la sonda espacial de la NASA Voyager 2 (ver foto de la derecha).

Esto, que seguramente ha sido vivido de forma bastante similar por usted, estimado lector de mi generación, bien lo puede haber sido también para nuestros padres (aquéllos que tuvieran la suerte de escolarizarse en tiempos de la post-guerra), ya que el descubrimiento del último y más tímido de la lista (Plutón) se hizo allá por el 1930. Y volviendo de forma algo más seria a la pregunta que inicia esta humilde entrada, uno se pregunta cómo se descubren los planetas… Un detalle importante del hallazgo de Plutón es que, como casi siempre en astronomía, no fue por casualidad (o "serendipity" como se suele decir últimamente, que queda mucho más "pofesional"). La búsqueda de Plutón fue consecuencia de la discrepancia entre la posición observada de Neptuno y la posición teórica que arrojaban cálculos astronómicos precisos. De hecho, unos cálculos similares realizados ocho décadas antes por John Couch Adams y Urbain Le Verrier de forma independiente, condujeron al descubrimiento de Neptuno, que también parecía alterar de alguna manera la órbita de Urano. Podemos decir entonces que el método por autonomasia utilizado para descubrir los últimos planetas de nuestro Sistema Solar fue el lápiz y el papel (y Newton, claro…).

Volviendo a Plutón, el artífice del descubrimiento, vamos a decir empírico, que cerró la lista grabada a fuego por toda una generación fue Clyde William Tombaugh. Desde el Observatorio Lowell en Arizona utilizó su estereocomparador para descubrir el lento movimiento del gélido enano al que se le acabó dando el nombre del dios de los muertos. No se asuste, querido lector, por el nombre del aparatejo, ya que el llamado estereocomparador no es otro de esos artilugios propiedad de la bruja avería.

También conocido como microscopio de parpadeo se trata de un aparato totalmente obsoleto en nuestros informatizados y digitales tiempos modernos. No es más que un dispositivo que superponía de manera relativamente rápida dos placas fotográficas con el objeto de detectar visualmente cambios en el brillo de alguna de las estrellas, o también movimientos aparentes de alguno de los astros fotografiados en relación al fondo de estrellas fijo. Si alguien quisiera ver en directo alguna reliquia viva de estos aparatos la podría encontrar por ejemplo en la sala Pedro Morea del Museo de Astronomía y Geofísica de la Universidad de La Plata, o el original utilizado por Tombaugh (se muestra arriba en la foto) que se puede encontrar expuesto en el museo del Observatorio Lowell (lástima no haya uno en la colección del Instituto Geográfico Nacional). Vamos que el principio de funcionamiento es el mismo que se usa para encontrar a una morenaza cuántica en una discoteca, sobre todo después de haberse tomado un par de cubatas.

Otra anécdota del descubrimiento del hasta hace poco último planeta de la lista es que le puso nombre una niña de 11 años. En concreto fue Venetia Burney (en la foto), estudiante en Oxford por aquélla época quién propuso a Plutón como posible nombre para el astro recién descubierto por Tombaugh. En mi opinión esta debió ser la niña del exorcista de la época, porque mira que ocurrirsele el dios romano del inframundo… (anímense en los comentarios a adivinar cuál sería el nombre propuesto por una niña de 11 años de hoy en día de digamooos….. Móstoles, para ser justos en la comparación con Oxford, jeje). El caso es que la señora Burney que falleció a los 90 años en 2009 también tenía un blog conmemorativo donde se hacían la misma pregunta. Habían organizado un concurso para que niños actuales pusiesen nombre a un hipotético nuevo planeta X. Pueden ver los nombres ganadores por categorías aquí.

No puedo terminar esta primera entrada sin mencionar la deshonrosa caída de Plutón del Olimpo de los planetas hechos y derechos en 2006. La IAU determinó que Plutón ya no debía ser más un planeta porque era demasiado diferente a los otros. En concreto es demasiado pequeño y está muy lejos (como Japón). Posiblemente la gota que colmó el vaso fue el descubrimiento en 2005 del objeto transneptuniano Eris (que pudo haber sido Xena), que es, de hecho, más grande que Plutón. Esto obligó a la IAU a redefinir en 2006 el término planeta, para evitar que unos 25 objetos de similares características y tamaños a Plutón entraran en "la lista". Supongo que los niños de hoy en día pueden dar gracias a la IAU de evitarles memorizar más de 30 planetas. (Aunque seguramente dicha práctica estaría totalmente prohibida por anticuada en los nuevos y modernos planes de estudio).

En conclusión, Plutón es desde 2006, junto con otros 4 compañeros (Ceres, Eris, Makemake y Haumea) un planeta enano. Y la diferencia es que los planetas enanos son más sucios y no han limpiado los alrededores de su órbita, a diferencia de los planetas grandecitos que han ido sacando su escoba con el transcurrir de sus órbitas. Y como consecuencia, el número de planetas que los hipotéticos niños del presente deben memorizar (si es que los pedagogos no lo creen demasiado estresante) es de ocho. Así pues (por ahora) la respuesta al título de la entrada es ocho.

En mi próxima entrada nos iremos un poco más allá de Plutón para ver cómo se descubren planetas de otras estrellas o planetas extrasolares. Ya se pueden imaginar que no se usará más el estereocomparador… Y también trataremos de dar una respuesta numérica más completita.

[Comentario de la Redacción, Noviembre 2011]: Primera entrada sobre planetas donde nos quedamos contando los que hay en el Sistema Solar. La próxima entrega (dentro de un mes) hablará del recuento de los planetas extrasolares, además de los distintos métodos que existen para descubrirlos.

Ya ni soy Bohmiano ni soy ná de ná…

Lunes, 7 de noviembre de 2011 Sin comentarios

(Yo soy Bohmiano III y se acabó)

 

Historia de porqué un catedrático imaginario se desliga de toda creencia y transita del fanatismo absoluto al pasotismo insurrecto.

 

Pues eso, jodé, que ahora fumo peeeetas y bebo vodka con fantalimón ¿qué paisssa? ¿algún problemmm? ¿mmm? Coño, que yo antes era un tío serio, pero ahora me la suda tó. Hasta la Cuántica me la suda, y no en la cama precisamente, jodé, que más me gustaría a mí, pa poderle dar unos azotes en el trasero, que pa machote un servidor, y que bien merecido que se lo tendría la muy guarra, jodé.

Y digo, que yo antes era una mierda de catedrático de Física Babosa en la Universidad de la Conchinchilla, y como era mu listo y mu guay, me las daba de saber mazo. Y como sabía un güevo, o dos, o tres ¡jodé! ¡qué pa machote yo!, escribí unos artículos para la Revista Quanto, que mejor sitio no hay para publicar cosas serias, razonadas e intelectuales como las que ocupaban mis neuronas en aquellos días. Recuerdo que aquellos papeluchos que escribí trataban sobre las paranoias y contradicciones acerca de la Mecánica Cuántica que me gastaban la masa cerebral. Y como la olla se me iba la leche, los artículos iban sobre temas de actualidad en Mecánica Cuántica: el problema de las Pijas Cuánticas y el de las Morenazas Cuánticas. La conclusión a la que llegaba, en mi delirio, era que toda la interpretación de la Mecánica Cuántica estaba mal, y estaba convencido de que el determinismo vencería al azar que los capullos consideran inherente a la Naturaleza. ¡Jodé!, yo era un puto servidor de David J. Bohm, el determinista cuántico por excelencia. Ahora paso de toda esa mierda, ya nada me controla las conexiones neuronales y me siento libre de todo yugo opresor. Bueno, tal vez lo de fumar de diez petas al día sea algo demasiado adictivo y me condicione el libre pensamiento… mmm ¡jodé! creo que me voy a pasar a los tripis que mis antiguos colegas de departamento decían que no crean adicción.

Volviendo al asunto, que se me va la olla, ahora escribo en la misma revista en la cual desarrollé mis principales ideas como catedrático para que sepa todo el mundo que passssooo totalmente de ellas, que reniego cual Judas de todo ¡jodé! ¡qué esta todo mal! ¡qué no os creáis nada de lo que os dicen! ¡qué todo es mentira! ¡Malditos, dejad de estudiar y haced como yo y pasaos a los petas que son más saludables! ¡Coño! ¡Puta Cuántica! Sus efectos sobre las conexiones neuronales son irreversibles ¡no estudies, malditos!

Bueno, como os iba diciendo, abandoné mi cátedra y mis estudios en Física Cuántica por la siguiente razón: me puse a profundizar en la llamada Teoría Cuántica de Campos. Bueno, pues eso, ¡jodé! Todo mi trauma vino porque en la puta Teoría Cuántica de Campos ocurre un hecho singular, que consiste en que aparece, en el operador que nos va a dar la energía de un determinado sistema físico que no viene al caso, un término finito en adicción a un infinito como una casa. ¡Coño! Pues todos sabemos del asqueroso Cálculo de primero que:

Término Finito + ∞ = ∞

¿No? Esta claro, esto es un infinito como un piano. ¿Y qué se hace ahora? Pues cualquier resabidillo estudiante dirá: “¡Jodé!, pues está mal, se han equivocado en algún paso intermedio” ¡Pues no! ¡No hay nada mal! Y lo que es peor, algunos de los inventores de estas teorías afirman que el infinito es la contribución del vacío y que como el vacío no se sabe lo que es y no interesa, pues se lo quitan ¡Se quitan el infinito! ¡Y se quedan con el término finito! ¡Y siguen calculando!

Dios mío, no sabéis el trauma que me supuso esto. Tantos años dedicados al estudio de la Física, que para mí era una Ciencia de corte serio y riguroso y me encuentro con esa bazofia, ese engendro de razonamiento, que se pasa por el forro todas las reglas establecidas del Análisis Matemático.

Pero esto no es lo peor. Lo peor es observar como se "quitan" el infinito ese. Hay dos formas: o lo eliminan sin más, definiendo una nueva cantidad que llaman “normal”, o bien le restan otro infinito de igual valor. Esto es, se utilizan las siguientes dos suposiciones:

  1. ∞ = 0
  2. ∞ - ∞ = 0

¿Pero no lo flipáis! A vosotros os dará igual, y mí también ¡jodé! pero yo juro que lo flipé en su momento. ¡Tantos años estudiando para esto! Coño, infinito nunca es igual a cero y, desde luego, infinito menos infinito es indeterminado ¡nunca cero!

Y encima van y te dicen: “Qué no, qué no, que no lo entiendes, que no sabes nada, que eres un ignorante, que es que si no haces esto no puedes seguir calculando, que un físico no se puede amedrentar antes estas cosas… que después de hacer los cálculos entusiásticamente se obtienen tropecientas cifras de concordancia con el experimento y que eso es lo importante…además ese término infinito se puede interpretar como la energía del espacio vacío, pero claro si el vacío esta vacío, es que no hay nada, y la nada no nos interesa para nuestros cálculos que son sobre algo, así que lo quitamos del desarrollo de la teoría…y seguimos calculando”

¡Pamplinas! ¡Chorradas! ¡Giliflauteces! ¡JODÉ! Si la nada está vacía ¿¡Por qué resulta que tiene energía infinita!? ¿Eeeeein? Me cago en to…

Todas estas insensateces produjeron en mí una crisis interna, que me llevó a replantearme mi forma de pensar y lo que había sido mi vida hasta entonces. Tanto esfuerzo… tantos años de becas precarias, tanto pos-doc en el extranjero, tanto peloteo hasta llegar a la plaza de profesor titular, tantos favores sexuales hasta llegar a la plaza de catedrático, tantas horas empleadas en no entender nada…Y al final, al final … ¡Dios! Los malditos popperianos instrumentalistas positivistas tenían razón: el conocimiento científico no existe, solo sirve para predecir resultados, pero no nos revela como es la Naturaleza… tantos años luchando en contra de esos bárbaros sacrílegos herejes para finalmente tener que darles la razón ¡jodé! Y eso no es lo peor ¡jodé! Lo peor fueron las juergas perdidas, las mujeres que no conocí, los polvos que no eché, las borracheras que no me pillé… ¡Porque estaba estudiando una bazofia que se contradice a si misma! Si ya lo decía Gödel… Eso sí, luego salen, gracias a estas barbaridades, diez cifras decimales de concordancia con el experimento. Pero eso a mí me la suda ¡yo lo que quiero es rigor Matemático! ¡Ahhh! ¡El rigor Matemático! ¡Eso es lo que me pone el Lagrangiano muy erecto!

Bueno, esta es mi historia y supongo que ahora entenderéis la razón por la cual dejé mi cátedra de Física Babosa y porqué ahora vivo debajo de un puente, dedicado a mi trabajo de chapero (que conste que sigo siendo un machote, solo que no me dejan demostrarlo) con el cual me patrocino mi afición al cannabis y a algunas otras maravillosas sustancias descubiertas en esta época de mi vida. Aunque creo que algún día debería ahorrar para ir al dentista porque creo que empiezo a tener los dientes negros. Y ya puestos os contaría algo sobre las almorranas, las heridas sangrantes y las erupciones pusilentas de mi trasero. Pero mejor no digo más, no vayáis a ser alguno de los lectores uno de mis clientes y se me chafe el patrocinio ¡lo que me quedaba!

Ya está, ¡jodé! Yo os diría que no estudiaseis malditos, pero no me haréis caso. Y si queréis una razón filosófica de porque estamos “aquí” o “ahí”, no la busquéis en la Física. Y si, a pesar de todo, caéis en los mismos errores, yo os esperaré en mi querido puente y probaremos juntos esta pastillita amarilla con cara sonriente que me estoy tomando ahora, la cual hace que me sienta muuuuy relajaaadooo, yujuuuuu…

Peibol Domingas.

Ex – Catedrático de Física Babosa por la Universidad de la Conchinchilla.

[Comentario de la Redacción  (Noviembre 2011)]: Este es el último texto relacionado con la ascensión y caída del bohmianismo del tal Peibol Domingas. Esto fue publicado en el último número de |Quanto> en papel (n=14), claramente a modo de despedida y para cerrar los dos artículos anteriores (Pijas y Morenazas) que al menos dieron, en su momento, para unas cuantas risas. Por cierto, desde la redacción tenemos que dejar claro que parte de lo que se dice aquí es estrictamente cierto. Allá ustedes con lo que estudian. De buena fuente sabemos que el tipo que escribió esto ha acabado como un pipetoflauta de la peor especie. No hay nada más humillante para un físico.

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De las revistas científicas y algunas de sus nuevas tendencias (segunda parte)

Lunes, 31 de octubre de 2011 1 comentario

(primera parte aquí)

arXiv es en estos momentos un sistema de gran éxito, aunque en riesgo de desaparecer, en ciertos campos de la física y las matemáticas. Por “ciertos campos” lo que se entiende es que se utiliza en un círculo muy reducido de las ciencias. ¿Podría ser el modelo arXiv consolidable y extensible a otras áreas? Difícilmente, porque tiene varios problemas asociados, principalmente el económico y el que lo que se publica no tiene un sistema de evaluación de su calidad. Hace unos años se habló de convertir arXiv en un sistema de publicación con los mismos filtros que las revistas científicas (con editores y evaluadores) pero al final la idea no llegó a cuajar y la preocupación por el libre acceso a la información científica sigue. 

Esta preocupación ha aumentado durante los últimos años. Muy importante es la iniciativa de Harvard denominada Compact for Open-Access Publishing Equity. Pero, ¿qué busca este acuerdo? Esencialmente que los científicos publiquen en revistas cuyo contenido sea abierto a todo el mundo y no encerrado bajo las siete llaves de una suscripción a la revista. Sus primeros firmantes fueron Cornell, Dartmouth, Harvard, MIT y la Universidad de California en Berkeley firmantes en septiembre de 2009. Destacable es que la única universidad española que se ha adherido es la  Universidad de Barcelona en septiembre de 2010, antes incluso que el CERN que se adhirió en diciembre de 2010 (para más información S.M. Shieber “Equity for Open-Access Journal Publishing”, PLoS Biol 7(8) (2009) e1000165  y aquí)

Vinculado al acceso libre a la información la otra preocupación que motivó el Open Access Compact es el copyright y su impacto a largo plazo. Me explico. Cuando publicas un artículo en una revista que no es de acceso abierto, esta suele retener el copyright. La autoría y el reconocimiento sigue siendo para el científico, pero el tenedor del copyright es la editorial, lo que es muy restrictivo y podría dar lugar a un escenario de pesadilla. Los artículos se van acumulando con los años en cientos de revistas y en esos artículos están la información para seguir avanzando. Las editoriales, están interesadas en vender suscripciones y por ello han puesto en internet gran parte de su archivo (y cobran por acceder) y además la suscripción a las revistas por vía electrónica se está convirtiendo en la norma, que es más económico (ergo, nada de copias en papel del artículo almacenadas en una biblioteca). De hecho pocos científicos veréis hoy en día desempolvando revistas de una hemeroteca. Ahora vamos a la situación de pesadilla. La editorial quiebra. Alguien se quedará con todos esos derechos, pero ¿pondrá accesibles los artículos?  ¿quién se los va a comprar y hacerlos accesibles? Imaginad este escenario en el caso de las revistas de medicina. Se correría el riesgo de perder acceso a un gran número de estudios epidemiológicos o de efectos de fármacos. Daríamos un paso atrás terrible en el proceso de recopilar información y avance en ciencia. En muchos casos estaríamos peor que hace 40 años, cuando tenías que bucear en la hemeroteca de tu institución y si ahí no estaba lo que buscabas por lo menos podías conseguir el artículo por préstamo interbibliotecario. La biblioteca con el artículo simplemente no existiría y para acceder a los datos tendríamos que contactar a los que realizaron el estudio, que tendrían que encontrar la copia del artículo o de los datos (si los conservan). Es decir, un escenario de pesadilla. La solución puede estar en que los centros de investigación crearan sus propios repositorios (en Harvard se ha propuesto) pero eso tiene sus problemas legales dado lo combativo que se ha puesto el tema del copyright y, por supuesto, está el coste económico. Si nos cuesta tener arXiv para una sección pequeña de la ciencia, imaginaos ampliarlo a todas las áreas.

Por tanto, la preocupación por el acceso libre sigue ahí y las sociedades científicas han dado pasos en la dirección de hacer sus contenidos accesibles a todo el mundo (por un módico precio, eso sí). Podemos hablar de dos tipos de revistas con contenido abierto, aquellas que son auténticos Open Journals y cuyo contenido es totalmente abierto y aquellas que dan la posibilidad al autor de que el contenido sea abierto. En ambos casos pagando.

Dentro de los segundos tenemos el Journal of High Energy Physics (JHEP) fue creada en 1997 con el apoyo del CERN y la Escuela Internacional para los Estudios Avanzados (SISSA) como una revista únicamente electrónica. En la actualizad es la revista más importante en física de altas energías. Al ser creada por científicos con el apoyo de instituciones científicas los poseedores del copyright de los artículos en JHEP no son editoriales privadas y el escenario de pesadilla no es posible (la revista se edita a través de Springer, pero Springer sólo hace de canal). Pero las publicaciones no son de acceso libre en principio, aunque existe la opción de que los autores paguen porque el acceso al artículo sea libre. Por ejemplo, uno de los primeros artículos del LHC (colaboración CMS) está publicado en JHEP con la opción Open Access debido a que el CERN es uno de los contribuidores a JHEP y apoya la publicación en abierto (os podéis descargar el artículo de aquí). Si un autor desea publicar en JHEP y que su artículo esté publicado como acceso libre, ha de pagar $3000/2000€ por la publicación. Si la libre distribución no te importa, publicar es gratis.

Otra iniciativa similar es la llevada a cabo por la American Physical Society con sus revistas (a excepción de Physical Review X, de la que se hablará más adelante). En 2006 introdujeron el programa Free-to-Read, por el que los autores (u otras personas o instituciones) podían pagar por poner el artículo en el dominio público, eso sí, la APS conservaba el copyright. El programa Free-to-Read fue reemplazado en febrero de 2011 por un nuevo sistema de acceso abierto en el que, previo pago de los gastos de publicación, el artículo en cuestión se publica con una licencia Creative commons attribution 3.0 License (CC-BY). El coste por publicar bajo estas condiciones es de $1700 para las secciones A, B, C, D y E del Physical Review y de $2700 para Physical Review Letters (PRL). La justificación de que PRL sea más cara es que sólo el 25% de los artículos enviados a PRL son aceptados, mientras que en el resto el porcentaje de aceptación ronda el 60%, siendo, por tanto, mayores los costes editoriales. El Reviews of Modern Physics (RMP) aun no ofrece esta opción a los autores. La revista estrella de la APS sigue siendo totalmente  privativa, una autentica lástima si consideramos que en RMP no se publican artículos originales, sino revisiones de temas de investigación. En RMP se publican algunos artículos con acceso abierto, como las charlas de aceptación del premio Nobel (la interesantísima charla de Novoselov sobre grafeno aquí).

En la categoría de revistas que son de acceso totalmente abierto destacan la ya veterana New Journal of Physics (NPJ) creada en 1999, perteneciente al Institute of Physics, y la recientemente creada Physical Review X (PRX) perteneciente a la APS. Ambas revistas sólo existen en formato electrónico y los artículos son de acceso libre, pero con diferencias en las licencias. En el caso de PRX se emplea una Creative commons attribution 3.0 License (CC-BY) mientras que en el caso de NJP IOP Publishing y el Deutsche Physikalische Gessellschaft se quedan el copyright. Publicar un artículo en PRX cuesta $1500 y en NJP entre 550-600 libras esterlinas.

Como veis, publicar en estas revistas es caro, muy caro, y eso permite que una revista científica se pueda convertir en un excelente negocio para una editorial. En los últimos años, han surgido muchas otras revistas en abierto que no gozan del respaldo de sociedades científicas o de comités editoriales prestigiosos y que, aparentemente, buscan embarcarse en este lucrativo negocio a costa del deseo de algunos científicos por acumular artículos y artículos en revistas recogidas en el Journal Citation Report sin importar nada más. Desde mi punto de vista ambas especies (editoriales oportunistas y científicos desesperados por publicar) son parasitarias y muy dañinas para la ciencia en general. Sin un comité editorial competente y la colaboración de evaluadores serios (que por cierto no cobran) es imposible que una revista alcance un nivel aceptable de calidad y se convertirá en un coladero de trabajos científicos de dudosa calidad. Buscad "Open Journal" en google y podréis comprobar por vosotros mismos como está el percal.

El Compact for Open-Access Publishing Equity promovido por la Univeridad de Harvard busca que se publique en este tipo de publicaciones abiertas (pero en las serias), obligando a sus científicos a publicar en ellas, salvo que reciban permiso explicito para publicar en revistas que no cumplan los requisitos (por ejemplo en Nature o Science, que no creo que les digan que no). Pero estas revistas aun tienen un problema, no cualquiera puede publicar debido a que los costes repercuten en el autor. Hace falta poder pagarse la publicación (y no vale hacerlo en cómodos plazos) lo que introduce el factor económico además del científico como un criterio de publicación (independientemente del hecho de que cada vez resulta más caro hacer ciencia).

Por supuesto, nadie espera que los científicos paguen la publicación de su sueldo (aunque casos se darán) y hay varios mecanismos para pagar a las revistas. El caso de NJP es uno de los más interesantes. Existen tres mecanismos de pago. El primero, la institución científica a la que pertenece el investigador se hace cargo de los costes de publicación mediante un acuerdo privado con la revista (ej. el CERN hace esto). Con este método el científico ni se entera de que hay que pagar por publicar. Esto es propio de instituciones con mucho dinero. El segundo caso es pertenecer a una institución que pertenezca a uno de los 64 países identificados por el Banco Mundial dentro de la International Development Association, en cuyo caso la publicación es gratuita gracias al apoyo del Abdus Salam International Center for Theoretical Physics que se ocupa de cubrir los costes mediante un acuerdo con la revista. De este modo los costes de publicación no limitan a los científicos que trabajan en países en vías de desarrollo. Para los científicos que no encajan en los perfiles anteriores la opción es recurrir al dinero que el Estado o sus centros de investigación les proporcionan para el desarrollo de su trabajo. Eso les obligaría a tener una partida de dinero reservada a dicha función. La Universidad de Barcelona al adherirse al Compact for Open-Access Publishing Equity creó un fondo especialmente destinado a este fin, de manera que los científicos pueden solicitar dinero para publicar. La idea de la Universidad de Barcelona es buena, si obviamos que supone un aumento de burocracia que recae en los ya sobrecargados hombros de los profesores universitarios atenazados por el plan Bolonia.

Centrándonos en España. Yo veo unos cuantos problemas asociados a este sistema de publicación. O bien se paga por el acceso a las revistas o bien por la publicación, luego al final los gastos deberían equilibrarse, pero dada la mentalidad de los sucesivos gobiernos de España no veo muy factible que la reducción de costes en adquisición de revistas vaya repercutiendo en un aumento proporcional del dinero destinado a proyectos de investigación. Porque si los costes de publicación son cubiertos por el dinero de los proyectos de investigación el presupuesto de estos debe tener por defecto un apartado destinado a ese fin y deberán dotarse para ello. Pero hay un problema más delicado. Todo proyecto tiene un investigador principal que gestiona el dinero. Los doctorandos y postdocs quedarían en una situación muy delicada, perdiendo totalmente su autonomía a la hora de publicar. Tendrían que pedir permiso antes de hacerlo y el "jefe" podría gestionar a capricho cómo, cuándo y dónde publican los investigadores que dependen de su proyecto. De acuerdo con el Compact de Harvard los investigadores pueden pedir a sus instituciones publicar en revistas no abiertas, siempre que haya una justificación, y que tu jefe quiera controlar lo que publiques o sea un cacique no creo que pueda caer entre las razones politicamente correctas que los comités universitarios responsables de autorizar al investigador autorizarían.
 
La publicación en abierto es el futuro, pero debe articularse correctamente. El mejor sistema podría ser que las revistas pertenecientes a las sociedades científicas asumieran el coste via fondos públicos, de sus asociados, o de las instituciones científicas que las apoyen y que leer y publicar fuera totalmente gratuito. NJP está cerca de este sistema mediante sus acuerdos con centros de investigación y agencias de financiación estatales. Es una pena que la APS no haya optado por algo parecido con PRX, quizá en el futuro lo hagan, pero las revistas son un negocio muy suculento, mientras sean un instrumento de financiación o generación de beneficios es difícil que se pueda evolucionar a un sistema de publicación totalmente de coste cero para el autor y abierto al público.
 

cefera 

[Comentario del autor]: Relacionado con este texto, grande la noticia de la semana pasada en la que la Royal Society anuncia que hace accesible a todo el mundo en formato digital 350 años de artículos científicos. 

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De las revistas científicas y algunas de sus nuevas tendencias (primera parte)

Lunes, 24 de octubre de 2011 2 comentarios

En ciencia se aplica rutinariamente el axioma de "tanto publicas, tanto vales", haciendo hincapié en dos parámetros complementarios, el dónde publicas y cuánto te citan. Yo y este blog nos movemos en el ambiente de la física y ahí voy a circunscribirme principalmente. Respecto al dónde se publica, las revistas tienen distinto prestigio y además se encuentran clasificadas por área (física multidisciplinar, nuclear, partículas, materiales, etc.) y por índice de impacto (luego explico ésto). Lo que uno busca es publicar en las revistas más prestigiosas y mejor posicionadas. Por ejemplo, es muy habitual a la hora de evaluar a un físico mirar cuántos artículos ha publicado en Physical Review Letters (PRL), siendo habitual que un investigador ponga esa cifra incluso en su carta de presentación. En el caso particular de mi área (física nuclear y hadrónica) el ranking sería algo como PRL,  Physics Letters B (PLB), Physical Review D (PRD), Physical Review C (PRC), después algunas genéricas como New Journal of Physics o Annals of Physics y el resto. Por supuesto están los casos de salirte de la escala habitual, es decir Nature, Nature Physics, Science, Physics Reports y el mayor objeto de todos nuestros deseos, el Reviews of Modern Physics (RMP),  en dónde prácticamente sólo se publica por invitación y cuyo nivel de exigencia roza lo inhumano. Esto hace que el primer objetivo de un investigador sea publicar en estas revistas de prestigio y después pelear porque su trabajo sea conocido (marketing) y citado (reconocimiento). Pero, ¿cómo se eligen las revistas de prestigio? Para esto se emplea el denominado índice de impacto del Journal Citation Report (JCR), que esencialmente cuenta cuántas veces son citados los artículos de esa revista y lo divide por el número de artículos que ha publicado en los dos últimos años. Por ejemplo, una revista cuyos artículos han sido citados 5000 veces durante los años 2009 y 2010 y ha publicado 1000 artículos en esos mismos años, tendría un índice de impacto en 2010 de 5 (PRL está aproximadamente en 7,5). Así que, como se puede ver, ambos parámetros, en dónde publicas y cuánto se cita están convolucionados.

Por ejemplo, una revista como Nuclear Physics A (NPA), publicada por Elsevier, con un nivel de exigencia y prestigio similar a Physical Review C (su némesis tradicional en física nuclear) ha visto cómo su índice de impacto y su prestigio se desploman. Las razones, la fuerte competencia del European Physical Journal A (EPJA), auspiciada por la Sociedad Europea de Física (tradicionalmente en NPA publicaban los europeos y en PRC los americanos), y su precio, que ha provocado que las universidades y centros de investigación dejen de suscribirse a ella. Menos lectores, menos citas. Menos citas que han hecho que en los últimos años su índice de impacto haya bajado considerablemente, dejando de ser competencia de PRC y por supuesto teniendo menos físicos dispuestos a publicar en ella.

Y es que las revistas científicas son caras. Para muestra los precios institucionales de las revistas de la American Physical Society (APS) para 2012 (entre ellas PRL y RMP). Una institución como la Universidad Complutense de Madrid caería en el paquete 5, con un coste de más de $38000 por una suscripción anual a todas las revistas de la APS. Puede parecer mucho dinero, pero la suscripción  incluye acceso electrónico a todo el archivo histórico de las revistas, es decir 100 años de artículos a un solo click. Un lujo muy útil en investigación y muy caro de mantener.

Por supuesto, a estos precios, las revistas científicas son un muy buen negocio para las editoriales (Elsevier, Springer, Wiley-VCH, Nature Publishing Group) y un instrumento de financiación para las sociedades científicas (American Physical Society, European Physical Society, Institute of Physics). Sólo en el área de Física del JCR, sección multidisciplinar, había catalogadas 69 revistas en el año 2000 y en 2010 esta cifra se ha elevado hasta 80 revistas, y la competencia entre ellas para ganar índice de impacto es titánica. Ejemplos recientes de esta guerra entre editorials por tener las mejores revistas con mayor impacto son la irrupción de Nature Physics a finales de 2005, la remodelación completa que Wiley-VCH ha hecho a Annalen der Physik para 2012 (sí, en la que se publicaron los artículos de Einstein), incorporando consejo editorial de altísimo nivel y la creación de Physical Review X (no se me emocionen, sus contenidos no encajan en los dominios .xxx recién creados por el ICANN). También están apareciendo otras revistas cuyo interés parece ser captar publicaciones sea cual sea su nivel científico y lucrarse con ello (más en la segunda parte del artículo la semana que viene).

Pero entonces, ¿cómo maximizamos el número de gente que puede leer (y citar) nuestros trabajos. Hace 30 años, la forma era ir a congresos y enviar tus artículos a investigadores que creías que podrían estar interesados. Hoy en día, la asistencia a congresos sigue siendo igual de importante para hacer el marketing adecuado pero la diseminación de los artículos ha cambiado por completo gracias al correo electrónico desde mediados de los 80 y a la creación de arXiv en 1992 (el primer servidor de preprints). La idea de arXiv es sencilla, construir un repositorio de artículos al que cualquiera pudiera enviar su trabajo. De este modo, cuando un científico envía un artículo a una revista para que sea evaluado, al mismo tiempo lo puede colgar en el arXiv como forma de comunicación rápida de sus resultados a la comunidad. Esto tiene unas ventajas evidentes, velocidad de comunicación, acceso libre y gratuito, y que queda muy claro quién fue el primero en descubrir algo, evitándose riesgos de plagio y robo de ideas. Cuando un artículo es colgado en arXiv se le asigna un identificador (v.g. 0907.3463) y es fechado. Si el artículo es aceptado para publicación se puede añadir al envío la referencia de la revista (en el caso anterior Phys. Rev. C 80 065201) para que todo lector que consulte ese artículo sepa que ha sido sometido a un proceso de revisión y qué revista lo ha aceptado. Esto es muy importante, porque enviar a arXiv es “prácticamente” libre. Digo prácticamente porque desde 2004 es obligatorio tener un “endorsement” para enviar, esencialmente supone que para que puedas enviar, alguien que haya enviado con anterioridad (y tenga buen historial) diga que puedes enviar o pertenecer a una institución respetable. Además existen científicos que voluntariamente ayudan a limpiar arXiv de plagios y artículos que excedan cierto número de tonterías por página. De todas formas, la cantidad de envíos es tan alta que es imposible filtrar por completo y el arXiv tiene un alto porcentaje de basura y material que carece de interés por ser tan básico que se puede encontrar en libros de texto. Esto hace que uno al ver algo en arXiv mire inmediatamente si está publicado o quién es el autor. De hecho hay científicos con mucho prestigio que sólo se molestan en enviar sus artículos a revistas si el trabajo se ha realizado con un doctorando que precisa de la publicación para su currículum, si eso no ocurre les vale con colgarlo en arXiv (ejemplo aquí). Famoso es el caso de Grisha Perelman (bueno, este además está un poco ido de la olla, a decir verdad), que obtuvo la medalla Fields con trabajos que fueron publicados únicamente en el arXiv: este, este y este.

El hecho de que los físicos envíen sus artículos a arXiv está tan asumido por las revistas que en muchas de ellas es posible colgar el artículo en arXiv y al enviar el artículo a la revista simplemente decirle cuál es la referencia de arXiv y que ellos lo tomen de ahí. De hecho algunas editoriales recogen en sus términos de copyright transfer la aceptación de que exista un preprint (Elsevier aquí).

arXiv es un sueño hecho realidad, gratuito para los usuarios, tanto para enviar como para leer. Sólo hace falta una conexión a internet y un poco de juicio crítico al leer para estar al tanto de los últimos descubrimientos en física (si los autores envían el preprint, claro). Pero que arXiv siga operativo y gratuito para el usuario tiene un coste económico muy alto. La Universidad de Cornell, que es quien se encarga de proporcionar este servicio junto con otras universidades que ejercen de mirrors de la base de datos (entre ellas la Universidad de Zaragoza), pidió ayuda hace un par de años porque no podían hacer frente a los costes. Los costes directos de mantener arXiv en 2011 son de $492297 y los indirectos de $17230. Afortunadamente muchas instituciones recogieron el guante y han salido al rescate, pero arXiv está en riesgo de desaparecer y aun necesita establecer fuentes de financiación más estables que las actuales.

arXiv no sólo surgió como un mero repositorio de fácil acceso a los artículos. Su filosofía de funcionamiento entronca con la visión de que la ciencia ha de ser global, abierta y accesible por todos. Si la ciencia se queda bloqueada en unas revistas muy caras a las que sólo tienen acceso unos privilegiados y que, además, se reservan el copyright en la mayoría de los casos esa visión de la ciencia como patrimonio cultural de todos se quiebra. Se rompe la posibilidad de que cualquiera pueda emplear el conocimiento adquirido entre todos para llegar un pasito más lejos. 

Es claro que a pesar de que arXiv en 2012 cumpla 20 años operando exitosamente su existencia está en riesgo y no parece factible que se expanda más allá de la física y las matemáticas. Muchos editores de revistas de física han aceptado la realidad de los preprints, pero eso no ocurre en otras áreas científicas.

Por tanto, la preocupación por establecer un sistema abierto y duradero de acceso al conocimiento científico acumulado en millones de artículos durante años lleva rondando en la comunidad de forma muy seria y varios pasos se han dado. Algo de lo que hablaré en la segunda parte la semana que viene. 

cefera 

[Comentario del autor]: Este artículo está motivado por una breve discusión que tuve (@quarkconfinado) vía twitter con @eulez y @spidermanzano sobre el lanzamiento de Physical Review X (PRX) en septiembre pasado que me ha llevado a profundizar un poco más sobre el tema del acceso abierto a las publicaciones científicas.

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Termodinámica cotidiana: el BOTIJO

Lunes, 17 de octubre de 2011 5 comentarios
Búcaro, pimporro, pipi, càntir, porrón¡¡BOTIJO!!
 
Si, queridos lectores, hoy vamos a hablar de botijos. Un objeto tan de nuestra cultura popular como el chorizo, el ajo o la anatomía pícnica de la población.
 
Formaba parte indispensable de los veranos de mi infancia en la tórrida campiña cordobesa, hasta que el medio rural, continuando su declive como ejemplo de sostenibilidad, los sustituyó por termos de dudoso gusto y botellas de plástico sin ningún glamour. Los porrones de allí, de barro blanco de La Rambla, con sus dos pitorros y su panza llena de fresca agua botijera, lo mismo se lucían en la obra, que apagaban la sed en el cine de verano o en el comedor del elegante cortijo de algún señorito andaluz de decadente y rancio abolengo…
 
Tan anciano y venerable invento, basa su eficiente funcionamiento en la bajada de temperatura motivada por la evaporación de agua en su superficie porosa, generalmente de barro. El proceso es especialmente eficiente en los veranos calurosos y secos del clima mediterráneo, toda una rareza a nivel mundial (predominan los estíos húmedos).
 
El buen funcionamiento del botijo, adecuadamente comprobado por miles de agradecidas gargantas, no fue correctamente matematizado hasta 1995. Gabriel Pinto y José Ignacio Zubizarreta desarrollaron, basándose en datos experimentales las ecuaciones diferenciales para un botijo esférico (no podía ser de otra manera…)
 
Las palabras del propio Pinto ilustran la eficiencia del sistema: "Comprobé que nuestro botijo, con tres litros de agua, en 15 minutos perdía 20 gramos de líquido y conseguía que la temperatura descendiera 2 grados; en una hora ya eran 8 grados menos, y en tres horas, 13 grados. Después, a partir de siete horas y media, la temperatura comenzaba a subir, debido a que ya se había evaporado medio litro de agua".
 
Para aquellos que tengáis tiempo o seáis aún lo suficientemente maniáticos como para verle la belleza a estas cosas (tendencias onanistas aparte), aquí tenéis las malditas ecuaciones (una de ellas del tamaño de un elefante con problemas en la glándula del crecimiento…)
 
 
 
El modelo, una ecuación de transferencia del calor con esteroides, está basado en parte en el concepto de termómetro húmedo (ejem) y tiene en cuenta factores tales como la temperatura inicial del agua, la externa, la humedad (este factor es determinante), así como los volúmenes de agua y líquido disponibles en el recipiente botijero.
 
 
Y un reto para nuestra erudita audencia: ¿cuál sería la geometría más eficiente para un botijo? Por limitaciones de neuronas y decencia nos limitaremos a 3 dimensiones. Si alguien tiene botijos que responda en los comentarios…
 
NOTA: Ecuación, factores e información extraídos del articualo botijero de la wikipedia (la foto del lienzo erótico-porronero no tiene desperdicio, manda botijos!)