Quanto Magazine

De las revistas científicas y algunas de sus nuevas tendencias (primera parte)

En ciencia se aplica rutinariamente el axioma de “tanto publicas, tanto vales”, haciendo hincapié en dos parámetros complementarios, el dónde publicas y cuánto te citan. Yo y este blog nos movemos en el ambiente de la física y ahí voy a circunscribirme principalmente. Respecto al dónde se publica, las revistas tienen distinto prestigio y además se encuentran clasificadas por área (física multidisciplinar, nuclear, partículas, materiales, etc.) y por índice de impacto (luego explico ésto). Lo que uno busca es publicar en las revistas más prestigiosas y mejor posicionadas. Por ejemplo, es muy habitual a la hora de evaluar a un físico mirar cuántos artículos ha publicado en Physical Review Letters (PRL), siendo habitual que un investigador ponga esa cifra incluso en su carta de presentación. En el caso particular de mi área (física nuclear y hadrónica) el ranking sería algo como PRL,  Physics Letters B (PLB), Physical Review D (PRD), Physical Review C (PRC), después algunas genéricas como New Journal of Physics o Annals of Physics y el resto. Por supuesto están los casos de salirte de la escala habitual, es decir Nature, Nature Physics, Science, Physics Reports y el mayor objeto de todos nuestros deseos, el Reviews of Modern Physics (RMP),  en dónde prácticamente sólo se publica por invitación y cuyo nivel de exigencia roza lo inhumano. Esto hace que el primer objetivo de un investigador sea publicar en estas revistas de prestigio y después pelear porque su trabajo sea conocido (marketing) y citado (reconocimiento). Pero, ¿cómo se eligen las revistas de prestigio? Para esto se emplea el denominado índice de impacto del Journal Citation Report (JCR), que esencialmente cuenta cuántas veces son citados los artículos de esa revista y lo divide por el número de artículos que ha publicado en los dos últimos años. Por ejemplo, una revista cuyos artículos han sido citados 5000 veces durante los años 2009 y 2010 y ha publicado 1000 artículos en esos mismos años, tendría un índice de impacto en 2010 de 5 (PRL está aproximadamente en 7,5). Así que, como se puede ver, ambos parámetros, en dónde publicas y cuánto se cita están convolucionados.

Por ejemplo, una revista como Nuclear Physics A (NPA), publicada por Elsevier, con un nivel de exigencia y prestigio similar a Physical Review C (su némesis tradicional en física nuclear) ha visto cómo su índice de impacto y su prestigio se desploman. Las razones, la fuerte competencia del European Physical Journal A (EPJA), auspiciada por la Sociedad Europea de Física (tradicionalmente en NPA publicaban los europeos y en PRC los americanos), y su precio, que ha provocado que las universidades y centros de investigación dejen de suscribirse a ella. Menos lectores, menos citas. Menos citas que han hecho que en los últimos años su índice de impacto haya bajado considerablemente, dejando de ser competencia de PRC y por supuesto teniendo menos físicos dispuestos a publicar en ella.

Y es que las revistas científicas son caras. Para muestra los precios institucionales de las revistas de la American Physical Society (APS) para 2012 (entre ellas PRL y RMP). Una institución como la Universidad Complutense de Madrid caería en el paquete 5, con un coste de más de $38000 por una suscripción anual a todas las revistas de la APS. Puede parecer mucho dinero, pero la suscripción  incluye acceso electrónico a todo el archivo histórico de las revistas, es decir 100 años de artículos a un solo click. Un lujo muy útil en investigación y muy caro de mantener.

Por supuesto, a estos precios, las revistas científicas son un muy buen negocio para las editoriales (Elsevier, Springer, Wiley-VCH, Nature Publishing Group) y un instrumento de financiación para las sociedades científicas (American Physical Society, European Physical Society, Institute of Physics). Sólo en el área de Física del JCR, sección multidisciplinar, había catalogadas 69 revistas en el año 2000 y en 2010 esta cifra se ha elevado hasta 80 revistas, y la competencia entre ellas para ganar índice de impacto es titánica. Ejemplos recientes de esta guerra entre editorials por tener las mejores revistas con mayor impacto son la irrupción de Nature Physics a finales de 2005, la remodelación completa que Wiley-VCH ha hecho a Annalen der Physik para 2012 (sí, en la que se publicaron los artículos de Einstein), incorporando consejo editorial de altísimo nivel y la creación de Physical Review X (no se me emocionen, sus contenidos no encajan en los dominios .xxx recién creados por el ICANN). También están apareciendo otras revistas cuyo interés parece ser captar publicaciones sea cual sea su nivel científico y lucrarse con ello (más en la segunda parte del artículo la semana que viene).

Pero entonces, ¿cómo maximizamos el número de gente que puede leer (y citar) nuestros trabajos. Hace 30 años, la forma era ir a congresos y enviar tus artículos a investigadores que creías que podrían estar interesados. Hoy en día, la asistencia a congresos sigue siendo igual de importante para hacer el marketing adecuado pero la diseminación de los artículos ha cambiado por completo gracias al correo electrónico desde mediados de los 80 y a la creación de arXiv en 1992 (el primer servidor de preprints). La idea de arXiv es sencilla, construir un repositorio de artículos al que cualquiera pudiera enviar su trabajo. De este modo, cuando un científico envía un artículo a una revista para que sea evaluado, al mismo tiempo lo puede colgar en el arXiv como forma de comunicación rápida de sus resultados a la comunidad. Esto tiene unas ventajas evidentes, velocidad de comunicación, acceso libre y gratuito, y que queda muy claro quién fue el primero en descubrir algo, evitándose riesgos de plagio y robo de ideas. Cuando un artículo es colgado en arXiv se le asigna un identificador (v.g. 0907.3463) y es fechado. Si el artículo es aceptado para publicación se puede añadir al envío la referencia de la revista (en el caso anterior Phys. Rev. C 80 065201) para que todo lector que consulte ese artículo sepa que ha sido sometido a un proceso de revisión y qué revista lo ha aceptado. Esto es muy importante, porque enviar a arXiv es “prácticamente” libre. Digo prácticamente porque desde 2004 es obligatorio tener un “endorsement” para enviar, esencialmente supone que para que puedas enviar, alguien que haya enviado con anterioridad (y tenga buen historial) diga que puedes enviar o pertenecer a una institución respetable. Además existen científicos que voluntariamente ayudan a limpiar arXiv de plagios y artículos que excedan cierto número de tonterías por página. De todas formas, la cantidad de envíos es tan alta que es imposible filtrar por completo y el arXiv tiene un alto porcentaje de basura y material que carece de interés por ser tan básico que se puede encontrar en libros de texto. Esto hace que uno al ver algo en arXiv mire inmediatamente si está publicado o quién es el autor. De hecho hay científicos con mucho prestigio que sólo se molestan en enviar sus artículos a revistas si el trabajo se ha realizado con un doctorando que precisa de la publicación para su currículum, si eso no ocurre les vale con colgarlo en arXiv (ejemplo aquí). Famoso es el caso de Grisha Perelman (bueno, este además está un poco ido de la olla, a decir verdad), que obtuvo la medalla Fields con trabajos que fueron publicados únicamente en el arXiv: este, este y este.

El hecho de que los físicos envíen sus artículos a arXiv está tan asumido por las revistas que en muchas de ellas es posible colgar el artículo en arXiv y al enviar el artículo a la revista simplemente decirle cuál es la referencia de arXiv y que ellos lo tomen de ahí. De hecho algunas editoriales recogen en sus términos de copyright transfer la aceptación de que exista un preprint (Elsevier aquí).

arXiv es un sueño hecho realidad, gratuito para los usuarios, tanto para enviar como para leer. Sólo hace falta una conexión a internet y un poco de juicio crítico al leer para estar al tanto de los últimos descubrimientos en física (si los autores envían el preprint, claro). Pero que arXiv siga operativo y gratuito para el usuario tiene un coste económico muy alto. La Universidad de Cornell, que es quien se encarga de proporcionar este servicio junto con otras universidades que ejercen de mirrors de la base de datos (entre ellas la Universidad de Zaragoza), pidió ayuda hace un par de años porque no podían hacer frente a los costes. Los costes directos de mantener arXiv en 2011 son de $492297 y los indirectos de $17230. Afortunadamente muchas instituciones recogieron el guante y han salido al rescate, pero arXiv está en riesgo de desaparecer y aun necesita establecer fuentes de financiación más estables que las actuales.

arXiv no sólo surgió como un mero repositorio de fácil acceso a los artículos. Su filosofía de funcionamiento entronca con la visión de que la ciencia ha de ser global, abierta y accesible por todos. Si la ciencia se queda bloqueada en unas revistas muy caras a las que sólo tienen acceso unos privilegiados y que, además, se reservan el copyright en la mayoría de los casos esa visión de la ciencia como patrimonio cultural de todos se quiebra. Se rompe la posibilidad de que cualquiera pueda emplear el conocimiento adquirido entre todos para llegar un pasito más lejos.

Es claro que a pesar de que arXiv en 2012 cumpla 20 años operando exitosamente su existencia está en riesgo y no parece factible que se expanda más allá de la física y las matemáticas. Muchos editores de revistas de física han aceptado la realidad de los preprints, pero eso no ocurre en otras áreas científicas.

Por tanto, la preocupación por establecer un sistema abierto y duradero de acceso al conocimiento científico acumulado en millones de artículos durante años lleva rondando en la comunidad de forma muy seria y varios pasos se han dado. Algo de lo que hablaré en la segunda parte la semana que viene.

Scroll To Top